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Los autómatas del charro gachupín

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Bajo consumo, por Alaejano58

Este charro gachupín es de mediana estatura, moreno, serio, de voz grave. Hombre de orden. Más burócrata que liberal. Austero a la fuerza. Dice que su palabra va a misa. Por ser de Salamanca, parece culto; no obstante, algunos piensan de él, que su tupida mata de pelo, le impide absorber con facilidad las nuevas ideas. Está en esa edad en la que la próstata empieza a apretar la vejiga, por eso, utiliza inmediatamente cualquier servicio que se le pone a tiro. Hace unos días, en un céntrico bar de la ciudad, le ocurrió una gran desdicha. Fue al retrete, y al entrar, sin apretar botón alguno, se le encendió la luz y cuando estaba en plena tarea, se le apagó -esto le sucedía continuamente y le irritaba, ya que le resultaba imposible hacer aguas menores a oscuras-, pero dicho día, la cosa, se complicó un poco más. Al apagarse la luz, entró otro varón con igual propósito. Quiso decir aquello de: ¡está ocupado!, pero al girarse agarrado a su “manguerita”, el chorro salió con ganas. Como pueden suponer, puso a caldo al sorprendido conciudadano, que tampoco pudo evitar la embestida. Cuando nuestro notable gachupín pudo “cerrar” su grifo, pidió perdón y la luz volvió a apagarse. Chocando contra el lavabo, el ciudadano y la puerta, logró salir de aquel infierno, y al llegar a la barra, maldecía esos automatismos que hacen que la luz se encienda y se apague sin que nadie se lo ordene.

 


Texto | Chibus
Foto | Jesús Mª Rodríguez (Alaejano58)

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