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Las zapatillas de Ara Malikian

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ara malikian

Nos cuenta el Charro Gachupín que este escrito está dedicado única y exclusivamente a la economía aunque en principio pareciera más una crítica musical que un alegato sobre la importancia del arte como fuente de ingresos en una capital cultural.

La semana nos despertó con un “zapatazo” como el del ex-ministro de economía Sr. Solbes vendiendo su correspondiente libro y afirmando que dimitió porque no estaba de acuerdo con el que fue Presidente de Gobierno ya que este último era partidario de no hacer perder a los españoles sus mejeros derechos como son los de la educación, la sanidad o la cultura, y al parecer, si le hubieran dejado, él habría cogido la tijera y los hubiera recortado como ha hecho posteriormente el nuevo gobierno. Es decir, parece que no hubiera sido posible otra política que la de recortes impuestos por la “troika comunitaria”. A su vez, el Sr. Zapatero cuenta en una revista del corazón que no le que quedó más remedio que dimitir y convocar elecciones ya que la “troika nacional” le hizo un “jaque mate”. En resumen, los que imponen su criterio son todos menos a los que votamos. A esto se le llama “gobierno en la sombra” o “mal rollo”.

Pero llegó el Martes, y como dicen que es bueno hacer eso que algunos llaman “footing”, y otros “salir a correr”, el Charro Gachupín se enfundó por última vez sus viejas zapatillas desgatadas. Al finalizar los diez kilómetros correspondientes pensaba tirarlas para siempre. Atrás quedaban sus más de mil kilómetros de una compañía silenciosa, de viento, sol, agua, frío y calor. Y al pensar en ello consideró que estaban bien amortizadas y que habían sido “rentables”, pero le dio pena, tanta, que en lugar de tirarlas al punto “R” más próximo, decidió dejarlas en el trastero hasta “más ver”.

Y como las semanas “corren que vuelan”, el viernes se precipitó en un suspiro. Y como el Charro había oído que venía un tal Ara Malikian al Liceo, decidió acercarse por ver si quedaba alguna entrada ya que según Internet estaba todo vendido. Y como ocurre con frecuencia, las dos últimas entradas -un palco a quince euros- fueron para él y su compañera actual desde hace más de 38 años. Hacía más de cinco años que no iban a un concierto, exactamente desde que la Orquesta de Castilla y León los despachó con un llegar, tocar e irse y sin propinas, aplausos ni explicaciones.

Y cuando apagaron las luces y recordaron que no se permitían grabaciones ni flases, apareció silenciosamente Ara Malikian con Humberto Armas y la Orquesta en el Tejado. Violines, violas, violonchelos y contrabajo sonaron a música celestial. Y al terminar la primera pieza, antes de comenzar la segunda, Ara Malikian con acento “extranjero” pero con un lenguaje propio de académico de la lengua española nos informaba que el programa era el “programa” pero que podía estar sujeto a modificaciones según el criterio de la orquesta: cada concierto es único. Y lo fue, igual tocaban composiciones de Falla que de Sarasate o de los clásicos o los modernos como Chick Corea influenciado por Paco de Lucía. Danzas españolas, armenias, húngaras e incluso un tango español-nos enseñaron que también aquí se hacían tangos-. Todo fue armónico. Un público “variopinto” aplaudía con ganas cada pieza y cada explicación pedagógica. Disfrutamos de lo lindo. Pero lo mejor estaba al salir, nos enteramos que habían fletado un autobús entero desde Zamora y que se quedaban en Salamanca para cenar. A esto se le llama hacer de la cultura un arte y del arte, economía. Gracias Malikian: ¿Tú energía está en las zapatillas; las prestas?

 


Texto | Chibus
Foto | Quincena Musical publicada bajo licencia CC by 2.0

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