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Futuro de Salamanca: Capítulo uno

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Foto de DarcoTT
Recogiendo muchas pequeñas entrevistas a salmantinos de todos los colores en plazas y bares parece que el pesimismo se cierne sobre nuestro futuro. Que si hay demasiado paro, que si no hay expectativas de encontrar empleos dignos, que si hacer rentable un proyecto empresarial privado es casi milagroso, que si nuestros jóvenes tienen que emigrar, que si el envejecimiento de la población no tiene solución, que si mueren más que nacen, que si la provincia es casi un desierto humano. En fin, el resumen podría ser: “los salmantinos ven negro su futuro más próximo”.

No obstante, y aunque estén en minoría, siempre hay algunos optimistas que proponen proyectos para un “futuro de colores”. Pues sigamos a los optimistas.

Como diría el gran Albert Einstein, si deseas crear algo nuevo, no repitas siempre lo mismo. No obstante, antes de empezar a desarrollar programas económicos debiéramos buscar el denominador común de tiempos pasados más “gloriosos”:

La principal premisa es dar por hecho que de nuestra crisis particular no saldremos por la iniciativa privada ya que quienes tienen el capital financiero son más “ahorradores” que “inversores”. Es decir, la salida será a través de la inversión pública acompañada posteriormente de la iniciativa privada. ¿De acuerdo?

Otro denominador común es que Salamanca ha mejorado cuando las Instituciones relacionadas más adelante se han unido y no han hecho la “guerra por su cuenta”. Es evidente que antes de la crisis algún escritor furtivo dijo que Salamanca era una “Ciudad Dorsal” porque muchos vivían de espaldas y encerrados en sus castillos.

Dentro de la inversión pública habría que primar aquellas que pueden ser complementadas con financiación de organismos públicos superiores como pueden ser la Junta de Castilla y León, el Estado o la Unión Europea, la idea sería triplicar la inversión y la financiación desechando las de mayor “esfuerzo local”.

Y dentro de las inversiones debieran escogerse las que crean mayor economía para más personas en detrimento de otras como la especulación que beneficia a pocas.

Debemos considerar como “instituciones públicas” aquellas que tienen gran parte del poder político, social, religioso y patrimonial. Por orden de importancia: Las Universidades, el Ayuntamiento, la Diputación y el Obispado, Patronal y Sindicatos.

Todas ellas, con sus responsables a la cabeza, deben liderar el gran cambio que necesitamos para que Salamanca no sea engullida por un gran “agujero negro”, es decir, son los responsables de “tirar del carro”. Es indignante oír una y otra vez que muchos no trabajan porque no quieren. Todos debemos tener claro que una empresa se hace para ganar dinero y se trabaja para ganar un sueldo digno.

Estas instituciones unidas como un solo bloque debieran hacer un “concurso de ideas” durante unos meses para escoger las mejores y transformarlas en proyectos concretos, escogiendo los que sean más fácil financiar y generen más puestos de trabajo. Nosotros, semana tras semana, iremos exponiendo proyectos de ciudad que pudieran ser provechosos para la mayoría. El primero: Crowfunding Plaza Mayor.

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