de la razón y la sin razón


18 Mayo, 2008: 00:01: Chibusde la razón y la sin razón

DarcoTT

Murfi era ese tipo de murciélago noctámbulo que no veía nada bien. Pasaba más hambre que el Lazarillo del Tormes. Para poder sobrevivir había desarrollado su particular método emitiendo chillidos a modo de ondas ultrasónicas. Estas ondas chocarían contra la falena Fali, su mejor-peor amiga-enemiga y cuando éstas chocaran contra el apetitoso cuerpecillo del insecto, él percibiría su rebote con el desarrollado radar, la localizaría y ¡zas!…merienda al canto.

Fali, era una de esas falenas simpáticas y despreocupadas que compartía con Murfi su gusto por las noches. Para no ser cazada por el siempre malintencionado murciélago, había desarrollado igualmente su particular sistema acústico defensivo. Éste le permitía detectar los ultrasonidos lanzados por su devorador, su distancia y velocidad.

Anoche, Murfi salió dispuesto a todo, hacía días que no llevaba a su estómago ni una miga de pan; comenzó a lanzar sus chillidos como un loco para que alguna de sus ondas chocaran contra el blandito cuerpo de Fali. La falena, que como todas las noches salió de marcha, rápido detectó los ultrasonidos del hambriento depredador, su distancia y velocidad; rápidamente transformó su vuelo regular en otro caprichoso difícil de entender para quien no se siente mortalmente perseguida. Con sus increíbles piruetas pudo salvar su única y preciosa vida.

Moraleja: En ocasiones, los caprichos pueden salvar una vida.

Firmado: Chibús

 


 

Nota de Chibús: Al llegar a casa con el alba, encontré a un murciélago tiritando en la puerta de mi casa, lo recogí, le dí un vaso de leche y dejé abierta la ventana. Cuando desperté, el mamífero volador ya no estaba…

26 Enero, 2008: 18:11: ChibusEconomía, de la razón y la sin razón

Foto de Sleeky

Un salmantino casi normal nos relataba que tras una semana de infartos, el viernes se le presentaba azul celeste, iba a ir a un concierto de música después de un año sin pisar escenario. Dice que dejó su abrigo en el guardarropa, recogió el folleto: CAEM SALAMANCA, temporada de abono 2007/2008, Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Todo casi normal, pero como el diablo todo lo enreda, observó que había sido confeccionado por empresa X de Valladolid, con la falta que hacía meter carga de trabajo a nuestra imprentas. Comienza a sonar una música tocada sin alma por funcionarios que vienen a cumplir a Provincias, no puede concentrarse, por su mente pasan la extinguida Sociedad de Conciertos, las ambulancias salmantinas entregadas a los de Burgos, los enfermos tirados por las cunetas, las listas de espera de la Sanidad Publica facilitadas a empresas de Valladolid, la Lavandería, Nachi… Y como el director de la orquesta había cumplido su horario, concluyó el acto. Sale a buscar restaurante y va leyendo: se traspasa, se vende, se liquida. Hay uno abierto pero no hay nadie, y otro, y otro y al final tiene que entrar en uno vacío. Al salir, una ruidosa máquina que todo lo barre lo persigue tenazmente en su paseo. Al acostarse, con rabia se dijo, como no enseñemos los dientes en Valladolid, se acaba todo. Y después no pudo pegar ojo. Uno de los que escuchaban el relato comentó: Todo normal, era viernes en Salamanca.

21 Enero, 2008: 00:03: Chibusde la razón y la sin razón

San Juan de Sahagún

Hasta finales del siglo XXI, el mayor milagro de San Juan de Sahagún había sido el de la “Pacificación de los Bandos”. En cada Bando había participado la alta nobleza, la nobleza media, el estamento universitario, el eclesiástico, los criados y el pueblo de Salamanca. Cada ciudadano tomó partido, los “hunos” por la Parroquia de San Benito, los “hotros” por la de Santo Tomé, disputándose el Concejo para repartirse los bienes de la ciudad y la provincia. Las matanzas entre sus miembros hicieron intervenir a los Reyes Católicos. Estos monarcas encomendaron el proceso a Juan de Sahagún, logrando en 1476 reunir a algunos caballeros, no todos, en la Casa de la Concordia, hoy Calle San Pablo, haciendo inscribir en su puerta una famosa frase muy cristiana: “Ira odium generat. Concordia nutrit amoren”. La paz final llegó en 1493 repartiéndose equitativamente los principales cargos municipales por linajes. Seis siglos más tardes, nacieron otros Bandos, matándose de nuevo por el reparto de la riqueza. La segunda guerra se inició en 1936 y físicamente terminó en 1939, pero sus odios no se habían apagado durante el siglo XXI y por eso tuvo que reaparecer de nuevo el espíritu del Santo, haciendo grabar de nuevo en piedra, en el Palacio del Obispo, a la jerarquía eclesiástica, la clase política local, regional y nacional, los nobles y los plebeyos, la anterior frase cristiana, llegando por fin la ansiada Paz. Los jóvenes de finales del siglo XXI a este nuevo milagro lo llamaron el de “copiar y pegar”. ¿Milagro?

19 Noviembre, 2007: 17:03: ChibusCastilla-León, de la razón y la sin razón

Castillo de Fuensaldaña, por f22-photo

Querido Phantomas de Fuensaldaña, tú que vagas por estas tierras de leones y castillos, tierras altas estranguladas por corona de espinas, tú que naciste provisional, rural, de invisible zurcido, más genético que cerebral, tú y solo tú podrás contarnos porqué te han prejubilado a los veinte, justo cuando empezabas a madurar. Tú que eres un fantasma joven, moderno, alegre y divertido te han trasladado a lo habitual que se lleva por estos lares, a vagar sin pena ni gloria, a vivir de la caridad, a vivir sin trabajar. Tiempos para penar. De caballeros ilustres, ya lo sabemos, tenemos un pedestal, y estos nos dicen que necesitan modernidad, mucha luminosidad, hormigón, alabastro y cristal frente a piedra antigua, esculpida por el Dios Kronos. Ellos solitos reforman la vida de todos grabando en formato digital algo que llaman nuevo Estatuto, en el que, una vez más, ellos solitos dicen que somos una nación histórica (¿?) y que quieren doblegar al mismísimo D´Ouro, amigo tuyo donde los haya. Y presumen de sobriedad y austeridad.

Querido Phantomas de Fuensaldaña, no quedes desconsolado, tendrás más tiempo para soñar, para dejarte llevar por tú preferido río hasta llegar al mar, tu ilusión de toda la vida. Tendrás tiempo para volar. Querido amigo, vela por nosotros.

 


Foto | p22-photo

11 Octubre, 2007: 07:00: Manuel Hde la razón y la sin razón

iglesia con ropa y mujer

 

A Doña Felisa intentamos convencerla para que tendiera su ropa blanca en otro sitio, y ella decía que sí, que bueno, que vale, que ella sabría, y luego se callaba. Pero a la semana siguiente seguía buscando la misma pared, la que en el interior ocupaba la Inmaculada

 


Foto | Manuel H

26 Septiembre, 2007: 23:09: ANA PÉREZde la razón y la sin razón

Foto de ANA PÉREZ

Seguiremos existiendo mal que nos pese. Kilos y kilos de peso de existencia. Kilos y kilos de peso por pesar.

Viajes 2000, estación futura y tiempo muerto. Viajes 3000, estación antojo y lengua fuera. Viajes 3400, estación mutante y cielos abiertos. Viajes 2000, de nuevo a la tierra.

Las manchas de la piel se quedan en el aire, no se atreven a impregnarse nuevamente en esa dermis oxidada de falta de caricias y de heridas mal curadas. Las pecas deciden hacerles compañía. Pecamanch. Comunión armónica de vivencias rasgadas que se niegan a ubicarse en ese mismo cuerpo, en esa misma sangre. Pigmentación de zinc y carbono. Pero los animales no quieren entrar en el Arca. Noé está muerto y en su testamento sólo pidió un deseo: no reencarnarse.

A mí me parece bien, me parece correcto como diría Cristina. Si no quieren entrar que no entren pero en el pasillo hacen un flaco favor a sus otras compañeras, a esas otras anodinas manchas que no sé si son manchas por ausencia de pigmentación o por exceso de la misma pero que han optado por cobijarse bajo el abrazo de la limpia piel.

 

    Estaciones de paso que pesan por no pasar
    Paradas innecesarias y estúpidas
    Puertas que se abren sin haber pulsado el botón verde
    Paisajes embriagadores tras el cristal

 

No sé cuál es mi parada ni qué arcén escoger.

 


Foto | ANA PÉREZ

13 Septiembre, 2007: 23:34: Manuel Hde la razón y la sin razón

Oporto

 

El camino era recto, y la ley de la gravedad ayudaría a hacerlo fácil. Paulo Bulhão se giró con toda la elegancia que pudo encontrar, cerró los ojos para sentir las últimas caricias del sol tardío, y empezó a bajar entre las vías, recordando aquello de que la línea recta es el camino más corto para huir. Paulo no cayó en la cuenta, sin embargo, de que la traidora luz no dejaba ver el final y, sobre todo, de que habría estado bien conocer el horario del tranvía.

 

Foto | Manuel H

30 Agosto, 2007: 22:30: Manuel Hde la razón y la sin razón

Hace unos días quise escribir un cuento para mi blog. Abrí el procesador de textos y escribí, con absoluta originalidad: “Érase una vez”. Inmediatamente salieron unos ojos con forma de clip bailando en la pantalla, con un bocadillo que decía: “Usted quiere escribir un cuento. Elija un título y algunas palabras que deban aparecer en él, y lo escribiremos en su lugar”.
Bueno, me dije, que gente tan simpática. En la casilla del título escribí: “A caballo y con paraguas”. En la ventanita reservada a las palabras, puse: “Folio, teta, historia, ornitorrinco”, por joder, más que nada.
El ordenador se quedó pensando unas décimas de segundo y luego el mismo clip lleno de ojos, ya sin bailar, inmóvil en mitad de la pantalla, mirándome fijamente, dijo: ¿Está usted seguro?
Me acojoné, claro, y dije que no.

Al cabo de un rato, ya repuesto, e incluso cabreado, me metí en los menús del programa para ver si podía evitar esos sustos, y encontré una opción que decía: “Ocultar al ayudante”.
Seguro que es ésta, me dije, y sin pensarlo más, piqué en ella. El clip volvió a aparecer, aunque andaba despacio, tenía la mirada dura, y en su bocadillo ponía: “¿Desea ocultarme hoy, o para siempre?”
En cuanto piqué en “para siempre”, la flecha del cursor de ratón, como si alguien la empuñara, corrió hacia el clip para apuñalarlo repetidas veces en sus ojos y en todo su fino cuerpo metálico. El clip se dobló sobre sí mismo intentado protegerse del ataque, sin resultado. La sangre manaba incontenible de todas las heridas, y desde la misma base del monitor a donde había caído, el antiguo ayudante agonizaba entre estertores mientras su último bocadillo, apenas visible, decía: “mal..di..to!”

Desde entonces, el desasosiego y la culpabilidad han sido mis compañeros en cuanto me sentaba frente al pc, y así no había forma de escribir nada, lo que habrán notado por la escasez de entradas en el blog. Hoy quise poner remedio a esta situación, y piqué donde dice “Mostrar el Ayudante”. No salió el clip. En su lugar, en mitad de la pantalla apareció la siguiente ventanita:

 

se cree usted dios?

 

Escribo esta entrada desde un ciber, porque no me he atrevido a picar en el “OK”.

 

28 Agosto, 2007: 00:10: ANA PÉREZde la razón y la sin razón

Territorio de sombras

No estoy muy segura de estar dentro de estos cientosesentaycinco centímetros de extensión vertical. No estoy muy segura de que estas piernas y estos brazos me pertenezcan. Tampoco siento como mío esos pies que asoman por el borde de las sábanas y que hacen sentirme fuera de contexto. Nunca me gustaron mis tobillos. A veces me imagino a Hansel y Gretel devorándolos lentamente… No me importa.
Estoy rara. Extranjera de mi cuerpo e intrusa de mi cerebro.

Siento que los halos que se cuelan caprichosamente por la persiana quieren estamparse contra mis párpados. Lo sentía, lo sabía y lo han logrado. ¡Cataplaf! ¡Maldita sea! No pienso abrirlos. Que se estampen y que luchen. Que se fagoticen si quieren… No me importa.

Hago un pequeño escorzo y me retuerzo entre los escasos resquicios que quedan de lucidez.
Si es que algún día la hubo.

No alcanzo a recordar qué he soñado. No tengo ni idea de qué he estado haciendo esta noche pero sé que ha sido breve. Muy breve. Masas grises sobrevolando mi cuento y una bandada de picazas en busca de algo que llevarse a la boca. Montañas, más grises aún, que se aventuran a alzarse como cohetes esperando que el contacto con el exuberante cielo les haga brotar remansos, meandros y praderas. Una mano que lanza cantos y guijarros sobre las nada turbias aguas. Cantos y guijarros que imprimen su huella en la superficie y que, como todo estrepitoso estallido, provocan surcos menores que desaparecen tras unos minutos. Nunca pasa demasiado tiempo, pero sin embargo tampoco nunca me he detenido y he esperado hasta cerciorarme que no queda ni un solo surco, hasta ver que, literalmente, las aguas volvían a su cauce.

No me siento culpable.

Tampoco recuerdo mucho más. Quizá una sombra… Quizá la tuya. Alguien estaba allí en calidad de espectador. Alguien que, a pesar de ello, también pretendía estamparse contra mis párpados. Energías en el aire. Expresiones dóciles y una alfombra turca invitándome a subir. De nuevo esa mano. Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Cinco dedos; sí, era ella.

Mis neuronas piden refuerzos y mis pies siguen asomando por las sábanas.


Foto | ANA PÉREZ