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Cuadrilla arqueológica

Las últimas lluvias embarraron el campo de trabajo, lo que obligó a la paralización de la mayor parte de las actividades relacionadas con el negocio que nos traemos entre manos. Así que con estas, parte del personal de la obra fue dedicado a otros menesteres, y a nosotros nos tocó echarle una mano al arqueólogo, que trabajaba sobre los restos de una casa, dice que posiblemente romana, del siglo II antes de Cristo… así, sin más leches.
Hoy día, en obras de determinada envergadura, es obligatoria la presencia de un arqueólogo cuya función es vigilar si aparecen restos arqueológicos en la zona afectada, en cuyo caso intervienen para evaluar su importancia y llegado el caso, paralizar las obras para recuperar los posibles restos, o directamente declarar la zona intocable, lo cual está muy bien hasta cierto punto, porque a veces me temo, se valora más el patrimonio cultural ( o los intereses de unos cuantos funcionarios que tienen que justificar su sueldo a toda costa) que el desarrollo tecnológico que repercute en la creación de puestos de trabajo y mejoras en la calidad de vida de los que habitamos la tierra en la actualidad.
El caso es que nos pusieron a excavar bajo la dirección de un arqueólogo con pintas de hippy alternativo, con sus greñas, su moño y todo, al que llamamos el pequeño saltamontes por sus rasgos achinados y porque llevamos toda la obra viéndolo recorrer las 200 hectáreas en solitario en busca de poco menos que el santo grial de Morón de la Frontera. Acabamos jodiéndole el ego porque encontramos más restos históricos en una mañana, que las que pudo encontrar él en los cinco meses que lleva danzando por estos campos.
Siempre creí que en las excavaciones, los trabajos se realizaban con toda la calma del mundo a base de escarbar delicadamente con espátulas y limpiar con cepillitos entre una de esas cuadrículas realizadas con cuerdas y gavillas, pero al parecer había prisa y allí andábamos excavando a golpe de azada, destrozando lo poco que había en el subsuelo, que eran los restos de unos muretes, tejas, vasijas hechas añicos, y algún fragmento de metal.
Yo mismo encontré alguno de esos fragmentos de vasijas labradas y un fragmento metálico de algo que el tipo de la coleta no supo identificar. En cuanto a alguno de mis compañeros, poco duchos en esta materia y en otras más básicas, cada vez que encontraban un pedrusco un poco “raro” se acercaban al de la coleta para enseñárselo, y este acabó desesperado ante tanta falsa alarma. Entre tanto, a cada leñazo de azada en la tierra, se escuchaba como los pocos restos de cerámica que había bajo el subsuelo, se hacían añicos después de haber resistido supuestamente más de dos mil años bajo tierra… que cosas.
Esta foto la tomé al atardecer de ese día, un día antes de la ola de frío que nos heló los mismísimos innombrables. Al día siguiente retomé los trabajos de topografía con mi equipo, pero el resto de los currantes continuaron con las excavaciones junto al pequeño saltamontes… ¿Altruismo por parte de la empresa en pos de la arqueología?
Nada de eso… el problema es que la presencia de aquellas cuatro piedras ha sido la causa de que el pequeño saltamontes, tras comunicar a sus superiores su hallazgo, recibiera instrucciones para paralizar la actividad en esa parte de la obra, impidiendo que la maquinaria lo dejase por llano. Hasta que no se recojan todos los restos, se realice el informe por parte del arqueólogo y la consejería de cultura de la autonomía correspondiente, el instituto del patrimonio histórico, o lo que cojones sea, evalúe los pedruscos, ahí no toca una puta máquina, así que para agilizar las labores de recolección, la empresa afectada ha aportado parte de su personal, por la cuenta que le trae.
Y es lo que digo yo, si lo que hubiera aparecido ahí hubiera sido un Partenón, pues vale, pero paralizar una obra de envergadura con un coste diario tremendo, por cuatro piedras de una cochinera romana, si es que es romana, como que manda cojones, sobre todo con la que está cayendo a cuenta de la crisis del demonio.
El caso es que los puestecitos que se han montado algunos de estos de las autonomías con el tema de la arqueología y el patrimonio histórico, hay que justificarlos a toda costa, y si tienen que paralizar una obra por cuatro piedras romanas aunque suponga pérdidas para una empresa, la paralizan. Son los mismos que luego se cargan otros patrimonios históricos por considerarlos políticamente incorrectos, o porque quieren “innovar” combinando una construcción de la antigüedad con la arquitectura “vanguardista” de algún arquitecto mamarracho bien avenido con el grupo político correspondiente en el poder. Además para estos preservadores de pacotilla de nuestro patrimonio, es muy cómodo esperar a que otros inicien las excavaciones con otros fines para luego exigirles la presa, como hicieron con los del buque Odyssey, y francamente no sé quienes son más piratas, si los del barco o los de las autonomías.
Foto y texto | JABKDOS













Este artículo no hace más que demostrar la ignorancia del autor. Está repleto de comentarios absurdos sobre la arqueología y los profesionales de la arqueología, incluso emitiendo juicios sobre el aspecto de los arqueógos, pretendiendo dar clases de lo que no sabe (¿siglo II antes de la era?, los romanos solo habían llegado a Numancia entonces).
Creo que a Jabkdos no le importa nada en absoluto el desarrollo tecnológico y la creación de empleo. Solo debe entender su propio trabajo y sus fotos. El patrimonio cultural es una cosa de todos, no podemos actuar como si no estuviese ahí, eso sería como mutilar el conocimiento y la ciencia, que es la que en realidad sireve para desarrollar al mundo.
Solo se me ocurre una frase de denominar este post “La ignoracia es la madre del atrevimiento”.
Jesús:
En primer lugar, el comentario sobre la datación del yacimiento no lo hice yo, fue el arqueólogo, o al menos fue lo que le entendimos. Me cuido mucho de dármelas de especialista sobre temas en los que no lo soy.
En segundo lugar, perdone usted que le diga, he tenido la desgracia de ver como la empresa en la que trabajaba, por cierto bastante especializada tecnológicamente (soy hidrógrafo) se hundía por culpa de la crisis y el modo en cómo se trata a las pequeñas empresas en este país, y he tenido que experimentar lo que se siente cuando se está parado durante año y medio pasados los cuarenta, y cómo ahora he tenido que adaptarme a las circunstancias trabajando como auxiliar de topografía, rebajando el listón a pesar de mis aptitudes. Por tanto me parece que si alguien está interesado en el progreso y el desarrollo tecnológico y en la creación de empleo soy yo, por razones obvias.
Para finalizar le diré que soy un mero testigo de lo que he relatado, que en ningún momento he dicho que estoy en contra de preservar el patrimonio histórico, sino en cómo se hacen las cosas en este país, en esto y en otras muchas cuestiones, sobre todo a nivel burocrático.
Debería cuidarse de insultar a la ligera tachándome de ignorante porque de entrada resulta de mala educación, materia previa a la formación cultural de toda persona.
Quizá debería intentar leer con más detenimiento y menos fervor de revancha, lo digo porque no me he tomado la licencia de datar el yacimiento, e incluso he dudado que se remontara a aquella época, no porque sea un entendido en la materia, sino sencillamente porque también estudié en su tiempo la historia de España, por cierto tan denostada y tergiversada en los últimos tiempos.
De absurdos está plagada la actividad profesional en este país… de ingenieros de caminos que han sido números uno de promoción y me han pedido que les especifique a qué equivale un nudo de velocidad, o la diferencia en metros entre la milla náutica y la terrestre, cuando les he pasado un informe técnico sobre un batimétrico, o de médicos que expenden las recetas con faltas de ortografía… así que con estas, no me sorprende que llegue un arqueólogo y yerre al datar un yacimiento, que mire usted, a día de hoy resulta que no es ni romano, que ya tiene delito el asunto después de haber paralizado la obra en ese sector, con la que está cayendo.
En cuanto a lo que entiendo sobre mi trabajo, es bastante, y además, por las características del mismo, he abarcado numerosos campos, entre ellos la arqueología submarina, manteniendo contactos con arqueólogos que me han puesto al tanto precisamente sobre lo que he escrito en mi pie de foto, así que no me subestime con tanta alegría precisamente por eso que ha puesto como post, que supongo se referirá a postdata, pues con el prefijo post, existen varias palabras y visto lo visto, ya me espero cualquier cosa.
En fin, como una cosa es debatir y opinar sobre un asunto, y otra es entrar a degüello contra las personas, prefiero zanjar aquí el tema.
Un saludo
Jose Arroyo
A mi, sin embargo, me parece igual de inadecuado su tratamiento del arqueólogo que realiza el seguimiento. Utiliza un lenguaje despectivo, como si identificase a los arqueólogs como una tribu urbana. Incluso parece que se jactarse de destruir esas vasijas, ¡que cosas!, las cosas no se rompen si no quieren.
Sin embargo, si su visión de la arqueología es la del cepillo y la jofaina, no intente dar hacer juicios de valor. La forma de excavar no está condicionada por ningun tipo de prisas. No creo que excaven con cepillo en el Foro Romano aunque tengan todo el tiempo del mundo.
A mi lo que de verdad me indigna es esa manera desdeñosa de hablar del patrimonio, de la Arqueología, y de las personas que trabajan en ese campo de la cultura (de forma bastante precaria por cierto). Como ejemplo subrayo aquello de joder el ego por encontrar muros y cacharros…
Me reafirmo en que sus comentarios están teñidos de soberana ignoracia sobre todos estos temas.
Quizás debería ser usted menos revanchista porque le han parado la obra.
Hola Jesús. Ignoro si eres un habitual de SalamancaBlog o únicamente has leído este artículo de Jabkdos, lo que te ha podido llevar a confusión. Si fueras un habitual sabrías como suele escribir, el lenguaje que usa y la forma de expresarse, bastante diferente del resto de colaboradores de este blog. Y precisamente por hablar como habla le pedí en su día que me permitiera reproducir aquí sus escritos, llenos de guasa, ironía, cachondeo, mala leche, pero también de verdades muchas veces política y socialmente incorrectas.
He repasado varias veces este artículo y tus comentarios. No veo la gravedad de lo escrito ni encuentro razones para justificar la soberana ignorancia que le achacas, más si tenemos en cuenta lo que he expresado antes sobre el autor y su sección “felizmente cabreado” en este blog.
Los supuestos ataques al arqueólogo no son tales, no los encuentro por ningún lado. Bien es cierto que se toma ciertas licencias que en mi opinión no van más allá. Ni siquiera mirándolo desde el corporativismo más radical puedo entender como te puedes sentir tan afectado como parecen indicar tus comentarios. Jabkados critica a políticos y funcionarios de las autonomías, en las que hay de todo, igual que entre arqueólogos, hidrólogos, informáticos, bancarios, etc… y en todas esas profesiones hay listillos. Te aseguro que entre los arqueólogos también hay alguno que intenta sacarse sus cuartos como sea, aunque tenga que darle suma importancia a algo que no la tiene, y si dispone de amigos en ciertos ambientes donde hay subvenciones de por medio, más. Y eso pasa en todas las profesiones que te he nombrado antes y en todas las demás, pero creo que eso no es la cuestión. Al arqueólogo del artículo no se le acusa de nada.
A los que se acusa de algo son a los inventos que algunas autonomías se sacan de la manga para gastarse el dinero en ciertos asuntos y no en otros, con actuaciones totalmente contrarias. También a arquitectos que han hecho auténticas mamarrachadas (como la arquitectura tiene su parte de arte, en el arte cabe de todo, desde lo sublime hasta lo esteril y penoso). Veo críticas al amiguismo, a la corrupción y a la estupidez. Pero no veo esos ataques a la persona del arqueólogo ni a la arqueología como tal. De esta última lo único que veo que se crítica es el uso que a veces se le da, algo que si puede ser discutible y que la opinión que tiene Jabkdos y otros millones de españoles puede diferir de la tuya y de la de otros tantos millones.
Habría sido más constructivo explicar porque es más importante recuperar restos históricos, aunque sean de una cochinera romana, que el dinero de una empresa y el trabajo de sus empleados que pueden ir a la calle (esos mismos, u otros, que en su afán de encontrar piezas históricas destrocen otras tantas por las prisas y el no saber por dónde se andan).
También quisiera incidir sobre la discusión de si los hallazgos pueden ser romanos del siglo II antes de Cristo. En esos tiempos los romanos puede que hubieran llegado a Numancia pero no a Salamanca… pero es que el lugar donde se están desarrollando los hechos contados en el artículo son el en sur de España, sino me confundo en tierras gaditanas (que es por donde vive y se mueve el autor del artículo, nieto de salmantinos). Ahora mismo no recuerdo los años de la romanización de la península.
D. Jesús García, pienso que estaría bien tomarnos esto con un poco más de quietud y sin exaltarnos por ninguno de los lados, y debatir los puntos en los que podamos estar todos en desacuerdo.
Saludos cordiales.
Quizá este no sea el medio adecuado para entrar en una discusión de este calibre, me refiero al asunto de los mal entendidos. Sólo diré respecto al arqueólogo, que de entrada, no he dado su nombre, por tanto su identidad queda en el aire. Quizá debiera de darlo, entre otras cosas porque ha tenido un comportamiento un tanto inadecuado con el personal que le ha echado una mano, nos sé… digamos que ha sido un tanto arrogante y prepotente con personas de condición humilde y bajo nivel cultural… pero eso es otra cuestión.
De todas formas, me he dado cuenta de que Jesús, sin querer, me está dando la razón cuando expone que los arqueólogos que están a pie de campo trabajan con medios inadecuados y en condiciones precarias.
Por otra parte insisto… parece ser que Don Jesús no acaba de entender lo que lee, o a lo mejor es que yo no sé expresarme bien. Dice, o al menos eso me parece entender, que me jacto de romper las vasijas, cuando precisamente lo que estoy criticando es ese destrozo provocado por la manera de dirigir los trabajos. Si le dices a un peón no especializado en trabajos de arqueología, que abra una zanja sin miramientos, con un pico en un lugar susceptible de que aparezcan restos arqueológicos, lo más probable es que provoque un destrozo, como ha sucedido con lo poco que apareció. Probablemente el arqueólogo en este caso esté presionado y actúe con prisas, pero eso no queta que siga siendo una chapuza lo que está haciendo.
Además, parece no entender Don Jesús, que no hablo de manera desdeñosa de los arqueólogos, sino del sistema que los mueve. Reconozco que quizá debería haberme extendido más para expresar lo que quería decir. Por otra parte, cuando escribo “Siempre creí que en las excavaciones, los trabajos se realizaban con toda la calma del mundo a base de escarbar delicadamente con espátulas y limpiar con cepillitos entre una de esas cuadrículas…” quiero decir que la arqueología desde mi perspectiva de ignorante, debe realizarse con meticulosidad.
Lo del cepillo y la jofaina evidentemente es un tópico, y no hace falta que usted, Don Jesús, me dé lecciones sobre la tecnología que se utiliza en estas lides… Aquí el menda, entre otras cosas es operador de sonda multihaz y magnetómetro remolcado, ambos aparatos, de avanzada tecnología que se utilizan en hidrografía, disciplina en la que se apoyan los que se dedican a la arqueología submarina con los que, insisto, he trabajado en más de una ocasión.
En vez de tacharme de ignorante, aprenda a leer entre líneas, no vaya a resulta que al final el ignorante sea usted. Como dijo alguien, “la ignorancia afirma o niega rotundamente” y puesto que usted afirma rotundamente que soy un ignorante, podría resultar que el ignorante es vos… conste que yo no afirmo rotundamente.