27 Septiembre, 2008 - Publicado por Darcomiradas a Salamanca
Sin duda Salamanca tiene un color especial. Si la noche y la moderna iluminación monumental nos han descubierto una nueva forma de contemplar la arquitectura salmantina, la tarde, justo antes de ocultarse el sol, puede ser el momento sublime para hacerlo. Es el instante en que la piedra que mira hacia el oeste se tiñe de color miel, los monumentos cambian de color y la piedra se enciende, dando lugar a “los dorados de la tarde”, un momento mágico donde la piedra de Villamayor y todo lo que con ella está construido parece tomar vida.
Foto | Julen Landa



















28 Septiembre 2008, a las 13:08
Magnifica foto. Un equiloibrio perfecto de sombras y luces. Y la luz del atardecer iluminando la piedra cálida de la monumenal Salamaca, el no va más.
Un amigo me ha enviado el link.
Mre ha encantado. Aquí por Zaragoza los atardeceres, las puestas de sol son también espectaculares, pero no tenemos la monumentalidad de Salamanca ni su piedra cálida para que la convierta en oro la luz de final del día.
Gracias potr la foto.
Un saludo.
teo
28 Septiembre 2008, a las 13:51
El oro de las tardes salmantinas es irrepetible. Me cautivó desde que lo descubrí y así lo he hecho constar en mis escritos:
No sólo en el ocaso, sino también al amanecer: “El Sol apareció al fin (…) y un rayo de oro brilló sobre la piel de la ciudad, anunciando un nuevo amanecer. Una esperanza”.
“No volveré a verte, ciudad de oro…” dice uno de los personajes de “No podía ser de otra manera” cuando las circunstancias le obligan a abandonar Salamanca.
“A la hora que solía llegar (la fachada de San Esteban) brillaba como si ardiera inflamada por el sol poniente”.
O en la recapitulación final:
“Año tras año, siglo tras siglo, la magia inunda la ciudad dorada como hace el Sol cada tarde, y la impregna hata la médula de su piedra…”
Y en la conferencia “Piedra y geología como fuentes de inspiración literaria” resalto cómo la composición química de la arenisca de Villamayor es la responsable de esos momentos mágicos cuando el Sol del ocaso hace revivir a la ciudad entera en su espíritu más profundo.
Dudo que otra ciudad en el mundo tenga el privilegio de unos atardeceres tan portentosos, que son, sin dud, gran parte de su magia y su atractivo.
30 Septiembre 2008, a las 11:55
¡Qué recuerdos! La luz del atardecer en Salamanca, la hora de salir de la Facultad, dar un paseo, tomar algo… No me extraña que Borges empleara tanto en sus cuentos la hora del crepúsculo.