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Salamanca Pasión

3 comentarios

Salamanca Pasion, de J.A. Barbero

www.SalamancaPasion.com

 

Salamanca Pasion, la Semana Santa en Salamanca vista a través de una cámara y de los ojos del fotógrafo José Ángel Barbero.

Esta web nace con la única intención de mostrar mi particular visión de la Semana Santa, y así poder exponer las más de 400 imágenes seleccionadas de mi archivo personal.
Espero que todo aquel que visite Salamanca Pasión disfrute de ella tanto como yo lo he hecho mientras la creaba, que sirva como difusión de la Semana Santa Salmantina y como homenaje a todos los hermanos cofrades.

Para todos los aficionados a la fotografía y para todos los interesados en la Semana Santa, Salamanca Pasión nos ofrece excelentes fotografías y la posibilidad de bajarnos varios audiovisuales. En el artículo de José Ángel “Fotografiando en Semana Santa” podemos descargarnos un audivisual que resume los últimos tres años.

Y no olvidéis visitar también la web del autor donde podréis disfrutar de estupendas fotografías, incluidas muchas de nuestra ciudad y provincia.

 

  1. Una preguntilla: ¿Por qué hoy las banderas del ayuntamiento y del cuartel de ingenieros ondean a media asta?
    Todavía algunos parece que no han asumido la aconfesionalidad del estado. Son símbolos que nos representan a todos y que se encuentran en edificios públicos.
    Me parece muy bien que la gente celebre la semana santa y respeto profundamente las creencias de todo el mundo, sin embargo esto debe de ser recíproco, por muy mayoritario que sea el catolicismo en la ciudad.
    Se trata precisamente de eso: respetar a las minorías. El que sea un pequeño detalle que no hace mal a nadie no lo convierte en algo legítimo. Yo no me siento ofendido por ello, pero me entristece que todavía la gente no sea consciente de la gravedad del hecho.
    Las banderas que ondean en los edificios públicos no entienden de religiones (en los privados que cada uno haga lo que considere oportuno dentro de la legalidad) Como no entienden de religiones, no deberían ondear a media asta ni en jueves santo ni durante el mes rel Ramadán, ni como ningún otro símbolo religioso.
    Tenéis las fotos en el blog, por si queréis echar un vistazo.
    http://blogsalamank.blogspot.com/

  2. No te falta razón. Hoy en día puede considerarse un anacronismo lo que cuentas, ni me había fijado (menos mal que en tu blog documentas todo perfectamente). No recordaba que esa tradición siguiese existiendo.

    Esto de las banderas es lo que tiene, somos un país rarito en el contexto europeo e incluso mundial. Hacemos un uso de las banderas de una forma un tanto peculiar. Nos encanta sacar ciertas banderas a pasear a la menor y sin venir a cuento, y por otro lado nos avergüenza sacar otras, por legales, oficiales y normales que sean (o viceversa, dependiendo del abanderado de turno).

    Supongo, ya puestos, y que como me acabo de levantar estoy un poco “cabroncete”, opinarás lo mismo en el caso de las comunidades autónomas donde no se hace uso correcto de la bandera nacional (nacional de España, quiero decir). En Cataluña y en el País Vasco por ejemplo, se incumple la ley y la bandera nacional no ondea en los edificios públicos que según la ley tiene que ondear. Mientras los diferentes gobiernos, autonómicos y nacionales, miran para otro lado y hacen como si no pasara nada, incumpliendo la ley.

    Supongo que aquí como allí es igual, da igual lo que diga la ley, el que manda manda y la mayoría hace de su capa un sayo. ¿no?
    :-)

  3. Peritta dice:

    He de reconocer que me gusta mucho el canto gregoriano, pero prefiero oírlo cantado por orondos frailes de voz campanuda y grave, más que por dulces monjitas o niños de voz limpia y clara.

    Lo mismo me pasa con los himnos militares o las canciones de labranza, que prefiero, para estas cosas, la voz masculina.

    No sé, quizá sea porque los varones solemos esconder nuestros sentimientos más profundamente que las mujeres, que a mi me parece que la música queda más solemne, más importante, más trágica.

    Igual me pasa con las saetas.

    Una voz rota, aguardientosa, e incluso feroz por lo desnuda, rompiendo un silencio multitudinario en una calle estrecha o en una placita escondida, no creo que deje indiferente a nadie.

    La lagrimilla ésa que inopinadamente se nos escapa recordando a nuestros familiares y seres queridos ya difuntos, suele salir en Navidades. Qué sé yo, a cualquiera se le puede escapar una, preparando la cena o poniendo la mesa el día de Nochebuena, o tal vez decorando la casa el día del sorteo de la lotería.

    No sé, puede que surja por entrañable nostalgia de un pasado dulce y tierno que no volverá, y donde, con toda seguridad, éramos más jóvenes y conservábamos más ilusiones, o quizá sea debida a un sentimiento de impotencia infantil ante el fin incomprensible e inevitable que todos tendremos.

    Sin embargo la que se escapa por estas fechas contemplando un Cristo, una dolorosa o una piedad tiene un carácter muy distinto.

    El nudo ése que se aferra a la garganta e impide tragar saliva no es por nuestros seres queridos sino por nosotros mismos, por la profunda pena que íntimamente nos damos.

    No, no es una lagrimilla infantil, sino de adulto.

    Recordamos las injusticias que hemos visto hacer y, puede que por no ser la víctima o por el simple miedo, nos hemos quedado sin intervenir. No sé cuantas veces los demás habrán negado a Cristo, pero las mías han sido bastantes más que las tres veces que el apóstol Pedro cantó la gallina.

    Puede que se nos vengan a la memoria las veces que por nuestra estupidez al intervenir o nuestra cobarde inacción hemos perjudicado o consentido que se perjudicara a alguien sin tener culpa alguna, tal vez recordemos las veces que hemos hecho daño a nuestros seres queridos o a las madres o a las hermanas que se han quedado sin tan siquiera recibir unas palabras de consuelo, solo por pereza o por desidia nuestra. O quizá pensemos en ésas personas que todos conocemos, pues alguna vez lo hemos sido, que insisten machaconamente en devolver al mundo bien por mal.

    No sé a los demás, pero a mi se me vienen a la cabeza las veces que la he cagado y me he quedado sin castigo.